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Amaba más a mi marido cuando se marchaba

No period lo que quería oír, pero no podía discutir. Cuando me imaginé tener que someterse a un procedimiento por un defecto que podía o no causar un problema, un procedimiento que afectaba el órgano que nos hace humanos, lo entendí.

Guardamos la carta del médico en un lugar seguro y seguimos con nuestras vidas.

En aquella época, ambos trabajábamos en un restaurante italiano de lujo. Una noche, durante las vacaciones, mi marido tuvo una migraña ocular en pleno apogeo de la cena, y mi mente viajó lejos. Yo no period una persona que sufriera migrañas, así que nunca me había tomado en serio esos dolores de cabeza, pero ahora que conocía los aneurismas, lo único que podía pensar, aunque fuera irracional, period en que se muriera de repente.

Me apresuré a tratar de atender a mis clientes; el bar estaba repleto y la fila salía por la puerta. Los otros meseros se encargaron de preparar martinis, mientras nuestro gerente sacaba a mi marido de detrás de la barra.

“No te preocupes, mi amor”, me dijo, “¡estaré bien!”.

Y lo estuvo, después de varios Advils y 20 minutos a solas en una habitación trasera. Pero mis manos se habían enfriado y me temblaban las entrañas.

Varias noches después, mientras preparaba el comedor con otros meseros, expresé mi temor de que mi marido muriera joven. Me parecía más bien una certeza para la que tenía que prepararme, pero no tenía ni concept de cómo. Una amiga mesera me dijo: “No tienes nada de qué quejarte, Carol. Has encontrado tu alma gemela, el amor de tu vida. Tal vez el resto de nosotros nunca encuentre lo que tú tienes”.

¿Y cómo lo sabía? Porque period cierto: desde el momento en que mi marido y yo nos besamos por primera vez, tuve la sensación de que él y yo llevábamos siglos intentando alcanzarnos, que habíamos vivido vidas pasadas con los brazos extendidos, siempre anhelando al otro, pero que por razones trágicas y ajenas a nuestro management —guerra, hambre, rencillas— nunca pudimos estar juntos.

Quizá se trataba de mi cerebro excesivamente dramático —mi marido y yo éramos actores cuando nos conocimos—, pero no podía evitarlo. Esta vida con él se sentía como un premio al ultimate de una serie de pruebas en las que, por fin, podíamos disfrutar de la felicidad conyugal.

https://www.nytimes.com/es/2022/02/12/espanol/modern-love-amor-aneurisma.html Amaba más a mi marido cuando se marchaba

Fry Electronics Team

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